sábado, 22 de febrero de 2014

Un tipo genial!


Febrero 22 de 2014

UN TIPO GENIAL! (I parte)

Al seguir la novela “La Ronca de Oro”, y sobre todo, observando la tenacidad de Helenita Vargas para lograr su sueño de convertirse en cantante, se han venido a mi memoria un montón de recuerdos que me han hecho pensar en mi padre, mi padre quien toda su vida fue un luchador y hasta donde recuerdo hizo todo lo que se propuso.

No dudo que muchas personas tienen el ejemplo de familiares quienes de forma impresionante han salido adelante en esta vida y han logrado llegar al lugar que soñaron y han sacado a sus hijos como buenos profesionales, muy a pesar de los tropezones que han encontrado en su camino, sin embargo quiero compartir una pequeña parte de la tenacidad de mi padre.

Puedo decir que fue un hombre sencillo, bromista, reservado y fue siempre un soñador.

No voy a hablar de toda su vida, a pesar de que habría mucho que contar, ya que su historia sería un voluminoso libro, pero me voy a referir a su entusiasmo por los carros. Se ufanaba de haber llevado a su pueblo natal el primer automóvil el que por cierto se les quedó atascado en un barrizal, situación que para él fue parte de su aventura y reía de sólo recordarlo. Creo si no estoy mal que esta fotografía es fiel constancia de aquel evento. Más la historia posterior del destino de este vehículo lo desconozco.



Después de contraer matrimonio y con tres hijos pequeños emprendió la búsqueda de un vehículo de cuatro ruedas, pues para ese momento, en el año 1948, utilizaba en unión de mi madre los de dos ruedas, cada uno manejaba una bicicleta en la que recorrían las veredas atendiendo pacientes que solicitaban sus servicios odontológicos. Tenían un pequeño maletín que colocaban en la parrilla donde cargaban todos los implementos necesarios para su trabajo. Con ropas cómodas y su cabeza protegida con el llamado “Corcho” que nunca olvidé.


 

Sin mucho dinero y apenas iniciando una vida normal después de la violencia que se desgranó tras el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, mi padre descubrió en la plaza de mercado del pueblo un chasis de un jeep Willys montado en cuatro ladrillos, quedaba buena parte de la latonaría y la carpa bastante deteriorada. Ni corto ni perezoso se fue a buscar un mecánico, quien era su gran amigo y compañero de billar y tinto, miraron el motor y con su pronóstico mi padre corrió a hablar con el señor Alcalde quien no dudó en entregarle el montón de chatarra, librándose así de semejante engorro.

 Se pueden imaginar la emoción de estos dos hombres arrastrando semejante armatoste hasta el taller de mecánica, en cuyo trayecto caían partes del hallazgo. Pasaron días, semanas y no sé cuantos meses antes de estallar en carcajadas de alegría al escuchar el crujir del motor por primera vez, según mis remotos recuerdos estos vehículos no usan llave sino un botoncito que al presionar hacen que encienda. En un principio iniciaba la marcha pero poco después se apagaba, tras muchos ensayos lograron que funcionara. Les tocaba pues, seguir al paso siguiente, embellecerlo, la lata, la carpa que alguna vez fue negra hubo de ser removida, los neumáticos, los asientos, el trabajo era arduo, pero lo lograron y este fue el resultado. Fiel copia de una alegre salida, acompañada de un intenso aguacero.

 
(Caricatura realizada por Jesús E. Rambal Ll.)
 
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