Septiembre 10 del 2014
EXPOSER
2014 (II)
Después de un apetitoso
almuerzo Egipcio, regresamos al recinto y con una breve preparación espiritual
y física, llegó María Elvira Pombo, el tema denominado “De la mano de los ángeles”,
me llamó la atención, ya que desde hace tiempo he leído sobre su existencia,
aunque los únicos libros a los que no he podido acceder han sido los de J.
Mario Valencia, quien al parecer ha tenido varias experiencias vivas de ello, incluido
un hijo suyo quien estuvo en riesgo de ahogarse y sintió la ayuda de estos
seres. Así que aspiraba que esta exponente me contara algunas de las suyas o de
sus pacientes, pues entiendo que tiene un consultorio al cual muchas personas
concurren para solicitar su ayuda.
En realidad en una
breve intervención de 60 minutos, es difícil transmitir el conocimiento de algo
que nos ha tomado años. No la conocía pero si había leído en una entrevista los
puntos que tocó en ella. Me interesaba, la comunicación con los ángeles y los
seres de luz, sentir esa presencia a través de medios sencillos y evidentemente
en este sentido María Elvira logró mi atención.
Quienes hayan leído mi
blog, recordarán que hablé de un libro “Guía para el más allá”, mismo que fue
escrito a través de la llamada Escritura
automática, el tema lo dictó alguien quien ya se había ido de este mundo,
aunque no tanto porque tenía contacto con otras personas en este, y así,
utilizó a alguien para que escribiera lo que físicamente él no podía hacer,
concluyendo con este libro que es uno de mis más preciados.
Nadie más ni nadie
menos que el doctor Eben Alexander, mí tan esperado expositor. Para ello nos
suministraron un aparatico con audífonos para escuchar la traducción, encendido
este el sonido más bien agudo con una traducción a cierta velocidad, casi sin
respirar, me hizo descartar este implemento. Sin modestia, sentí orgullo de
poder escuchar de propia voz, en inglés, al doctor Eben Alexander, el tema, era
obvio, su tremenda experiencia tras estar siete días en coma, si han leído su
libro “La prueba del cielo”, sabrán que como médico neurocirujano, negaba
cualquier existencia de vida o existencia en el más allá y aseguraba que
cualquier experiencia en tal sentido de sus pacientes eran meras jugarretas de
nuestro cerebro y sólo cuando vivió lo suyo, creyó. Le sucedió como a Santo
Tomás, hasta no tocar las heridas de Jesús no lo hizo. Me regodié escuchándolo
hasta el final.
Y se dio paso al
siguiente expositor, el doctor Julio Calonge, quien se preparó para un tema que
podía no ser muy espiritual pero no menos interesante médico cirujano,
terapeuta neural, homeópata y especialista en nutrición, graduado en la Universidad del Valle. No sentí el tiempo, fue ameno, interesante, divertido con sus comentarios, experiencias, no podría transmitirles todo lo que debe incluirse en la alimentación y lo que debemos evitar so pena de no ser fiel a la información que allegué a mi libreta de apuntes. Pero si es interesante agregar que enfatizó una frase señalando que consumamos alimentos vivos, aclaro, no es que vamos a cazar animales y comerlos como caníbales, no, se trata de alimentos que con el paso del tiempo se descomponen. se refirió a las gallinitas de campo, como dio él: "Estas gallinitas todas soyadas, felices, caminando en el campo son mejor alimento que aquellas que crecen enjauladas y que solo las ponen a comer y comer concentrado para engordarlas." En verdad, su charla relajante y alegre nos preparó para el siguiente conferencista.
Al terminar, mi ansiedad
era lograr la firma de mi libro, un tanto tímida me acerqué al escenario cuando
aún no se había retirado y le solicité me firmara mi libro, con gracia me dijo
que ahora lo haría, cuando bajara a hablar con nosotros, obstinadamente me
acerque a la pequeña salida por donde entendía saldría el personaje y allí me
di cuenta que me había saltado todo el protocolo y que habían varias personas
en fila frente a una pequeña mesa y todas llevaban un libro en la mano.
Me acerqué a la mesa y
al parecer mis canas hicieron su efecto porque de inmediato una dama con
cuidado me tomó del brazo y me colocó junto a ella y dijo, ya estamos aquí esperémoslo.
Cuando me acerqué, el
doctor Eben levantó la mirada y escuchó mis felicitaciones, agradeció mi
presencia en el evento y firmó mi preciado libro. Le expresé mi deseo de
hacerle preguntas y con simpatía me extendió su tarjeta con la información para
comunicarme con él.
Ya siendo de noche,
partimos para regresar al día siguiente. Quedamos pendiente entonces. Aquí les
dejo la “prueba” de la firma del autor.

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