Enero
24 del 2014
El
perdón
Este es un tema bien
controversial y difícilmente podré comentarlo en un pliego, veamos a ver qué
tanto puedo decir al respecto.
Ante todo voy a mirar
el significado de esta corta palabra:
Significa:
1.
La acción de perdonar.
2.
Indulto de una pena o deuda pendiente.
3.
Como resultado de la confesión en la
Iglesia Católica.
4.
La palabra usada para interrumpir a
alguien que habla y continuar el que lo hace con un comentario, etc.
5.
Cuando no se entiende algo y se
requiere una aclaración.
Pero especialmente es
utilizada como una excusa para un daño que hemos causado, creo yo, herimos a
alguien con palabras, impartimos información que juzgamos cierta sin tener la
certeza de su veracidad, dañamos el nombre de alguien, en fin cualquier tipo de
daño físico, moral o de cualquier índole y con esta pequeña y sencilla palabra
¿queda todo olvidado?
Yo soy de la creencia
que cuando causamos daño con nuestras palabras es como arrojar una libra de
arroz en un campo de yerba, queda repartido por todos lados, pero vaya y
recójalo… devuelva a su bolsa cada uno de estos minúsculos granos de arroz y
deje el césped impecable, intacto, con la seguridad de que ninguna partícula
quedó oculta detrás de una hojita o en medio de la tierra.
A lo anterior hay que
agregar que cada persona que recibe la información verídica o no, suele
compartirla y en esa comunicación va variando la confidencia, se le va
agregando pequeños detalles hasta quedar distorsionada la primera revelación.
Y para muestra un
botón:
Recién llegada a esta
ciudad después de vivir un tiempo en el extranjero, empecé a trabajar en el
Poder Judicial, una completa desconocida, novata en todos los sentidos y con
ánimo de integrarme ya que no conocía a nadie, me sucedió algo bien simpático.
Cada día esperaba a la entrada del edificio, en este entonces los Juzgados
estaban ubicados en el edificio San Luis en el centro de la ciudad, mientras
pasaba mi hermano a recogerme e irnos juntos a casa, conversaba un poco con el
portero y me marchaba. Sucedió que un fin de semana al llegar a mi casa tropecé
en un escalón y recibí un fuerte golpe en mi rostro que lesionó la ceja derecha
y por ende se formó un morado impresionante, a pesar de colocar carne cruda,
hielo y todos los elementos que mi madre encontró a mano para remediar el daño,
cuando regresé el lunes al trabajo esta marca indeleble se destacaba
indefectiblemente.
Ese día, en la tarde,
me senté, como todos los días en un pequeño banco en la entrada del edificio y
me dediqué a leer un libro, agachada, por tanto no era fácil identificarme,
cuando escuché este diálogo:
“¿Supiste lo que le
pasó a fulanita, la nueva?” “No, cuéntame.”
“Pues mira, el fin de
semana se apareció en su casa su marido de Europa y la golpeó porque se vino
sin avisarle. ¿Viste el morado que le dejó en la cara?”
¿Cómo pudo este evento
convertirse en una pelea de pareja? Cómo llegó la información hasta estas personas
si no tuve contacto con nadie, no tenía amigos, sólo los compañeros de oficina
y estos sabían lo que les dije, que tuve un accidente casero.
Seguiré más adelante
con el tema, pues todavía al recordarlo me es difícil superarlo.
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