Enero 16 de 2014
(I PARTE)
¿Adónde van los muertos?
¿Quién sabe a dónde irán?
Así se
escuchaba una tonada hace algunos años, y esa interrogante siempre me ha
acompañado a través de los años.
He leído varios
libros, entre ellos:
“Guía para el más allá” de Ken Akehurst,
Escritura Automática a través de G.M. Roberts,
“Ghosts Among Us” (Fantasmas a nuestro
alrededor), de James Van Praagh, debajo del título dice “Uncovering the Truth
About the Other Side” (Descubriendo la verdad acerca del otro lado o más allá”,
“After life” (Después de la vida), de John
Edward, le agregan un título “Answers from the other side” (Respuestas desde el
otro lado).
“La crisis de la muerte” de Ernesto Bozzano,
Y
ahora más reciente “La prueba del cielo” del doctor Eben Alexander.
Esta inquietud
que he tenido con esta compleja curiosidad, retomó fuerza tras el fallecimiento
de mi progenitor en el año 1994, cuando en la misma semana de su ocurrencia
tuve un sueño en el cual veía a mi padre en el garaje de nuestra casa y con una
sonrisa pícara me llamaba y me pedía que le contara a mi madre que allí donde
él estaba, había encontrado a un señor de nombre Carlos, no recuerdo ya el
apellido, pero él me dio el dato completo. Al día siguiente sin dudarlo y antes
de olvidar el nombre le hice el comentario a mi madre quien también, con
tremenda sonrisa, me dijo que se trataba de un conocido de ambos que le había
quedado debiendo una buena suma de dinero, lo extraño es que yo no tenía idea
de eso y menos para indicar un nombre y apellido tan preciso, ello teniendo en
cuenta que el evento ocurrió antes de mi nacimiento.
Lo anterior
sirvió para sentirme en paz respecto a mi padre, me hizo pensar que
efectivamente estaba “mejor que nosotros” como siempre te dicen cuando alguien
de tu familia fallece.
Después de esta
experiencia transcurrió algún tiempo durante el cual me propuse, sin mucho
afán, hacer algo de investigación, leyendo libros al respecto y buscando
experiencias de otras personas. Con el ingreso al universo del internet, fue
mucho lo que encontré, aunque en la mayoría de los casos pude detectar falta de
seriedad también pude observar que otros tenían un fondo más juicioso basado en
experiencias propias y cuya explicación no era posible por medios científicos,
lógicos o de naturaleza espiritual.
La existencia
de una vida después de la vida terrenal me inquieta profundamente y estos
libros que he leído una y otra vez me señalan un común denominador,
especialmente el primero y el último de cuyo texto se destaca el paso a un
lugar en el cual el pensamiento juega un papel muy importante, basta enfocarse
en un lugar o persona para desplazarse allí y ver el personaje. También el
hecho de poder comunicarse sin decir palabra.
Ken Akehurst,
el autor del primer libro, quedó ciego y después de su muerte, según obra en su
libro, tuvo oportunidad de “ver” a algunos de sus amigos, pudo reconocerlos
porque en ese estadio no tiene limitaciones ni impedimentos físicos, en el
mismo sentido se expresa el doctor Eben Alexander, un neurocirujano, aunque en
el caso de éste último, estuvo en coma profundo durante siete días y durante
ese período pudo darse cuenta de situaciones que coinciden con el relato del
primer autor.
También existen
algunos programas televisivos muy interesantes donde entrevistan a personas que
han tenido experiencias especiales, han sufrido accidentes y sus cuerpos se han
liberado momentáneamente del sufrimiento, del dolor, se sienten bien, pero son
empujados a regresar porque aún no ha llegado su momento.
Y esto me
recuerda una experiencia, no directa, pero que leí en un expediente cuando
trabajé en el poder judicial. Hubo un accidente automovilístico en la carrera
5ª cerca al actual Cosmocentro en la ciudad de Cali, y dentro del trámite
investigativo se escuchó a una de las afectadas, una joven que sufrió severos
traumas en su cuerpo y en su relato manifestó que al momento del impacto sintió
que era despedida fuera del vehículo siendo posible ver lo ocurrido desde lo
alto, su cuerpo lastimado estaba dentro del automotor, apretado por una de las
puertas, sin embargo ella no sentía nada en absoluto, por el contrario flotaba
sin esfuerzo, viendo la gente arremolinada ante los rodantes, hasta ver como
retiraron los cuerpos de los ocupantes en camillas, su propio cuerpo fue
colocado rápidamente en una de ellas e introducido en una ambulancia con la
convicción de su fallecimiento, pero allí sintió una ráfaga que la tiró y
deslizó en su cuerpo sintiendo entonces el dolor de las fracturas, ardor y
molestias propias del resultado del accidente, provocando la sorpresa de
quienes la transportaban. Por tal motivo en su relato pudo determinar exactamente
la posición de los vehículos y la situación que provocó el siniestro, hecho que
se pudo comprobar mirando el respectivo croquis levantado ese día.
Este es uno de
esos casos en los cuales la persona físicamente fallece pero por alguna razón
“regresa” y tiene recuerdos de lo ocurrido, aunque no alcanzó el nivel del
médico Alexander, tuvo la experiencia de flotar y no sentir dolor, poder ver lo
que ocurría con su propio cuerpo, vio que había muerto y volvió para sufrir la
realidad.
También conocí
de boca de una vecina muy querida que cuando nació su menor hijo, ella tuvo una
sensación extraña y muy agradable en la cual se alejaba suavemente del lugar
donde acababa de dar a luz, ella vio a su bebé, sin embargo la paz que la
acompañaba no le permitía añorar nada, siendo una mujer de gran corazón y
generosidad, es extraño el sentimiento de felicidad al alejarse, sobre todo es
una madre en extremo cariñosa y amable, acabando de tener a su hijo y sin
embargo no quería regresar, así lo afirma, no sabe cuánto tiempo estuvo así,
cuando volvió en sí los médicos le dijeron que había perdido sus signos vitales
pero que se había recuperado y estaría bien.
Este es un tema
del cual es mucho lo que se puede hablar, por eso es difícil cerrarlo en una
sola entrada, por ello lo extenderé en dos o más partes.
Me apasiona este tema luego de perder a mi hijita, el primer libro Guía para el mas allá, el autor manifiesta que vendrá otro libro, desconozco si apareció ese 2o libro.
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