Enero
25 del 2014
El
Perdón (II PARTE)
“Si en algo te falté
perdón…”
También existe la
llamada Puerta del Perdón en las Iglesias, vinculadas a indulgencias por determinadas
oraciones que se hacían en peregrinaciones, sobre todo en España y México era y
creo que aún lo es una costumbre de gran respeto, más no tengo conocimiento de
que ayude en algún sentido al perdón.
Esta
acción de perdonar a quien causa un daño, muchas veces irremediable, conlleva
algo así como no sentir resentimiento alguno hacia quien nos ofende u ofendió,
detener la ira que sentimos, más o menos se podría decir que se renuncia a la
“venganza”, logrando, supuestamente que las relaciones entre estas personas no
queden afectadas por la ofensa.
He escuchado a muchas
personas que dicen: “yo perdono pero no olvido”, frase que me parece muy
lógica, porque difícilmente se puede olvidar una ofensa, aunque hay ocasiones en
las cuales sin que hayan pedido disculpas, sin pensarlo mucho, simplemente se
volvió indiferente a esa situación, y aunque tal vez se mencione esa
circunstancia en una charla, no nos duele, no nos afecta, simplemente ocurrió y
quedó en el pasado. Lo que no quiere decir que hayamos perdonado y mucho menos
olvidado, sólo que se escondió entre nuestros recuerdos.
Siempre me ha llamado
la atención la reacción de algunas mujeres que han sido maltratadas por sus
esposos, y esto se ve a diario en los noticieros, donde relatan cómo un hombre acuchilló
o golpeó a su compañera y sin embargo cuando alguna persona intercede por ellas
e intenta ayudarlas, la respuesta es: “No se meta que él es mi marido.” Y luego
ve que se marchan juntos como si nada, claro que esto ya es masoquismo y no
tiene nada que ver con el perdón, ya que ni el marido lo pide ni la mujer lo
exige.
No puedo decir que
jamás haya causado daño a otros con mis palabras, sobre todo en mi juventud,
creía lo que me contaban y obviamente lo compartía con mis amigos y seguramente
lastimé mucha gente con la seguridad de que yo era portadora de la verdad, pero
los años me han enseñado a callar más y pensar un poquito antes de hablar.
Referirse a la
situación de otra persona, a sus asuntos personales y exponerlos sin respeto
alguno según nuestro propio criterio es peligroso y dañino, levantar nuestro
dedo criticando lo que otro hace, hizo o dejó de hacer, sin conocer los
sentimientos de aquel ser humano y luego en un arranque de generosidad
comunicarlo a nuestro grupo social, quienes a su vez harán lo suyo,
convirtiendo de pronto un pequeño evento en un problema nacional, no siendo
posible detener esa avalancha cuando nos enteramos de que en realidad eso que
compartimos ya venía exagerado por la primer confidente, pero el daño ya está
hecho y con pedir perdón nada solucionamos.
Muchas veces nos
ofenden con actitudes que no comprendemos, nos preguntamos ¿qué pasó? ¿qué
hice? Y la respuesta no llega, no hicimos nada, simplemente no caímos bien y
por eso somos merecedores del desprecio de esa persona, y lo más curioso es que
“esa” persona se encarga de hacernos mal ambiente con sus amigos y nosotros
seguimos preguntándonos ¿qué pasó? ¿qué hice? Y se va formando una cadena con
una antipatía que no sabemos qué la motivó y en nuestro desconocimiento llegamos
a sitios donde desde el mismo instante en que entramos sentimos el ambiente
pesado, espeso, de repente al pasar el tiempo alguien hablando contigo se
sorprende y te dice que tenía una mala impresión de ti y que no se asemeja para
nada a lo que le habían comentado, expresando una disculpa por su actitud
anterior. Pero esa es una de tantas personas a las que comentaron algo tuyo que
no era verdad y a esas alturas nada lo remedia. ¿Y qué se obtiene con esta
disculpa tardía? ¿Qué respuesta se le da a esta persona que pide se le perdone
por algo que ya recorrió medio mundo? Y lo más grave que aceptó a pie juntillas
lo que le dijeron y compartió la actitud sin dudarlo uniéndose en la ofensa e
hiriendo y divulgando aquello.
El perdón no es
compartir ni estar de acuerdo con lo que te hicieron, tampoco es restarle
importancia al hecho ni mucho menos darle la razón a aquel que te ofendió. Más
que perdonar, yo diría que es simplemente aceptar lo que pasó, no olvidarlo porque
repito, eso para mí es imposible.
“La
sabiduría consiste en cambiar una cosa por otra.”
Seamos sabios
entonces, cambiemos el perdón por la diplomacia, más nunca olvidemos porque
perderíamos nuestra esencia.
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