domingo, 6 de julio de 2014

Cartas


Julio 6 del 2014

 

CARTAS

 

“A veces llegan cartas con sabor amargo
con sabor a lágrimas
a veces llegan cartas con olor a espinas
que no son románticas
son cartas que te dicen que al estar tan lejos
todo es diferente
son cartas que te hablan de que en la distancia
el amor se muere
a veces llegan cartas que te hieren dentro
dentro de tu alma

A veces llegan cartas con sabor a gloria,
llenas de esperanza
a veces llegan cartas con olor a rosas que si
son fantásticas
son cartas que te dicen que regreses pronto
que desean verte
son cartas que te hablan de que en la distancia
el cariño crece
a veces llegan cartas que te dan la vida
que te dan la calma”

 

Esta hermosa canción interpretada por Julio Iglesias me llevó a la época en que las cartas eran una parte importante en nuestra vida cotidiana.

Pero el día de hoy la únicas cartas que llegan corresponden a cuentas bancarias, propagandas, de pronto alguna invitación y muy, muy rara vez de alguna persona que se siente atropellada por la tecnología y todavía se rehúsa a utilizar el sistema electrónico de los rápidos e-mails.

Yo viví esa época romántica de los sobres con bordes azul y rojo, de las estampillas y el matasello de correo, digo romántica porque muchas veces esperaba con verdadera ansiedad una noticia de alguien querido o su pronta respuesta y cuando escuchaba el pito del empleado de correos quien al verme ondeaba el o los sobres para que atendiera rápido pues ya conocía el entusiasmo juvenil que me acompañaba y la alegría que me proporcionaba con este pequeño acto.

De la misma forma recibí propuesta matrimonial, ese momento que pudo haber sido tan especial, sufrió los reveses de la distancia y el entusiasmo inmediato tardó dos meses en obtener respuesta.

Así como viví las alegrías y zozobras de amores por correspondencia, durante mi ausencia del país las noticias eran lentas, mis padres contestaban mis cartas y sólo sabía de ellos dos meses después de haber enviado las mías, muchas veces la información tardía de algún evento llegaba cuando ya había sido superada la situación y yo corría a buscar un teléfono público con larga distancia para saber en forma rápida lo ocurrido, sólo para confirmar que todo estaba resuelto y que no tenía de qué preocuparme.

Las fotografías ayudaban a seguir el paso del tiempo y también eran enviadas esporádicamente y su calidad no era tan buena pero ayudaba mucho a mantener viva la ilusión.

Tengo una anécdota que me ocurrió hace apenas unas pocas semanas. Mientras sacaba unas fotocopias en un establecimiento especializado en la materia, observé a una señora que en forma juiciosa recortaba unas invitaciones con una guillotina en el mostrador del mismo y las colocaba cuidadosamente en uno de esos hermosos sobres con bordes azules y rojos, al notar mi curiosidad la señora amablemente me comentó que su madre cumpliría años y quería mandar las invitaciones a las amigas de ella en sobres tradicionales, que sólo tenía un pero, necesitaba estampillas para darles un toque de originalidad, detalle en el que pude colaborarle ya que entre otras cosas he sido coleccionista de sellos. Hay que decir que francamente somos piezas de un ajedrez enorme, pues es mucha casualidad que yo estuviera allí para ayudar con ese pequeño detalle a esta señora.

En cambio en la actualidad el timbre y el pito del empleado de correos fue reemplazado por un “beep” del chat o un aviso “tienes un e-mail”, todo es simultáneo, incluso con la aplicación Skype se tiene un contacto visual completo, a tal punto que con mis amigos acostumbramos mostrar los sitios en donde estamos logrando compartir en infinidad de lugares, restaurantes, paisajes.

Hace poco tuve oportunidad de ver desde Colombia el paisaje nocturno de la hermosa ciudad de Tokyo y esto para sólo mencionar una de las muchas vistas que mis amigos me han mostrado en sus viajes.

Por eso me alegro haber vivido aquella época de los correos nacionales e internacionales, con las largas esperas, las cartas extraviadas, las noticias que nunca llegaron y las que nos proporcionaron tantas alegrías, las tarjetas navideñas, las de cumpleaños etc.

Y también me alegro de conocer este medio de comunicación tan extraordinario que acorta distancias y nos abre la puerta a tantos conocimientos, disfrutamos del contacto con los amigos, podemos utilizar un fondo de escritorio con una foto de alta resolución de nuestros seres queridos y actualizarla rápidamente para seguir su evolución, los niños crecen, los jóvenes se hacen adultos y los adultos nos volvemos de la tercera, cuarta, quinta, sexta, séptima y hasta octava edad y podemos hacernos algunos retoques con Photoshop, para quedar cincuentones y que nuestras pequeñas señales de madurez sean vistas como mínimas muestras de exceso de risa y nuestros cabellos blancos sean hilos de plata…

Cuídense y sean felices por siempre.

 

 

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