Marzo 18 del 2016
Fotocopias
Cerca de mi casa
funciona un gran almacén en el cual además de vender todo lo que se necesita
para una oficina, desde escritorios hasta lápices y borradores, tienen el
servicio o como los distinguen ahora de un Centro de Fotocopias.
Pues bien, regularmente
voy a este magnífico lugar cuando quiera que necesito cualquier tipo de
elemento de oficina ya que hay una variedad única, pero la sección de
fotocopias deja mucho que desear.
Les comento:
Como he tenido varias
experiencias en este lugar, ante la necesidad de sacar un manojo de fotocopias
me armé de paciencia y dispuesta a esperar por lo menos media hora antes de ser
atendida y pude apreciar que efectivamente el servicio no ha cambiado en lo más
mínimo.
Al llegar tomé la ficha
número 34 y miré a mi alrededor ya que la pantalla mostraba el número 30,
estaba siendo atendida una señora por un único empleado que en ese momento
estaba a cargo del servicio, a su lado un señor mayor miraba con impaciencia,
revoloteando y mirando dulces una pareja miraba el reloj constantemente, a mi
lado una afro descendiente bostezaba mientras sostenía en su mano una diminuta
memoria.
Transcurridos quince
minutos llegó un joven quien amablemente preguntó quién era el siguiente,
siendo la favorecida la dama que estaba a mi lado, extendió la pequeña memoria
y solicitó tres copias de tal archivo. El empleado colocó la memoria en la cpu
y manifestó que no la reconocía, intentó removerla y se quedó con una parte de
la misma en la mano, la clienta no se inmutó, le dijo que la volviera a colocar
y la presionara un poquito y efectivamente funcionó porque pudo ver los
archivos guardados. Eligió y se dirigió a una de las maquinas llegando a
mostrarlos, pero fueron rechazados porque los necesitaba horizontal no
vertical. Nuevamente eligió los archivos y trajo correctamente el pedido. El
vendedor fue a la caja hizo el cobro y trajo una bolsita donde puso
cuidadosamente las tres copias entregadas. La joven tal vez contagiada por el
ambiente vació su bolso y empezó a contar moneditas para pagar los trescientos
pesos que costaba.
Superado este momento
siguió el número 32, era la pareja que traía en su mano tres bolsitas de
dulces. Pasó unos documentos y pidió una copia de cada uno, 35 en total, esto
fue rapidísimo, yo misma me sorprendí, pero fue ligereza de mi parte porque el
acucioso empleado le pidió al cliente que revisara que estuvieran completas mientras
él lo observaba, correcto dijo el caballero exactas 35. Entonces curiosamente
el joven tomó las copias se las llevó y las volvió a contar, a pesar de que las
modernas máquinas tienen un contador de hojas, las colocó a un lado de la caja
y le hizo el cobro, pero había que agregar las bolsitas de dulce que compró el
hombre, así que se devolvió y corrigió la cuenta. Preguntó si quería grapar las
copias y con la respuesta afirmativa se fue a buscar una grapadora, sacó tres
del mostrador y ninguna tenía carga, buscó repuesto y al fin trajo una y grapó
las copias.
Al llegar a este punto
creí que el asunto había concluido, pero no, el empleado fue por una bolsita
para colocar las copias y cuando el cliente se retiraba se acordó de los dulces
y nuevamente hubo el movimiento esperado, buscar una bolsa más pequeña,
colocarlos dentro y al fin, entregarlos al hombre quien salió sonriendo y
diciéndome que allí siempre hay que llevar lonchera porque no se sabe cuánto
tardaran en atender.
Seguía el número 33,
tuve la suerte que fuera atendido por el otro empleado que acababa de terminar
de prestar el servicio a la señora de la ficha número 30. Ya habían
transcurrido 50 minutos desde mi llegada.
Una tercera empleada
ingresó al centro de fotocopias a realizar un trabajo y se ubicó detrás de una
de las máquinas, en el tablero brillaba el número 34, cuando el empleado
presionó un botón y el tablero pasó al número 35, así que empezó a preguntar
por la ficha 35. Le mostré mi ficha 34 y me miró interrogante como si yo fuera
la equivocada, pero bueno, le dije, mire a su alrededor y dígame si hay más
personas aquí. Miró a todos lados y aceptó mi turno.
Le pasé mi documento de
identidad y le pedí que lo sacara al 150 por ambos lados. Se quedó sorprendido…
me dijo, “esta no me la sé” y se
dirigió hacia la chica que seguía sacando copias y le preguntó qué hacer. Ella
tomó mi documento y lo fotocopió rápidamente. Me trajo la copia y me dijo que
esa empleada me seguiría atendiendo y se marchó…
Quince minutos más
hasta que la joven terminó su trabajo, yo era la única clienta que quedaba,
pero como yo tenía todo el tiempo del mundo esperé sin inmutarme.
Dos manojos de
documentos que llevé fueron fotocopiados, pero como eran dos copias me los
entregó sin separar y tuve que darme a la tarea de hacerlo para evitar
confusión. Pero lo mejor fue pensar que esta dama siendo más ágil que el otro
compañero me fuera a atender más rápido, pues no, entre una copia y otra se
dirigía al encargado del centro le decía algo al oído y se reían para seguir
haciendo comentarios de una reunión a la que asistirían.
A pesar de todos estos
impases, las copias son de muy buena calidad y ello implica el sacrificio de la
espera y la paciencia con la cual debe llegar quien quiera salir ileso en el
intento.
Todavía me pregunto el porqué
de esta actitud. ¿Será que tienen jefes muy permisivos? O más bien que no
tienen jefes. ¿O no les pagan bien? ¿O no les gusta su trabajo? Así podrían
salir muchos interrogantes y sin embargo no tener respuesta a esta incógnita.
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