martes, 15 de septiembre de 2015

Delitos de la A a la Z



Septiembre 15 del 2015

Delitos de la A a la Z.

El secuestro de Freddy Heineken el 9 de noviembre de 1983, fue reproducido por primera vez en el año 2011, ahora en este año se estrenó “El Secuestro”, con el magnífico actor Anthony Hopkins representando al magnate de la cerveza en Amsterdam. 

No intento hacer una crítica sobre la película, sino que la misma, me llevó a analizar la conducta de estos delincuentes, Cor van Hout, Willem Holleeder, Jan Boelaard, Frans Meijer y Martin Erkamps, quienes fueron los autores de este comportamiento, pero que para llevarlo a cabo dedicaron dos años de sus vidas a planificar el secuestro de este hombre, con la única finalidad aparente de recibir la nada despreciable suma de un equivalente aproximado a 16 millones de Euros, tras algunos intentos fallidos, ese 9 de noviembre de 1983, lograron su objetivo, agregando al secuestro el chofer del Señor Heineken.

Sé que al mencionar este hecho no estoy develando ningún enigma de la película, puesto que se trata de un hecho real, que muchos deben haber conocido a través de la prensa, internet, etc. y lo que me pregunto respecto a la mente criminal es: ¿por qué dedicar tanto tiempo para cometer un delito y no usar esa inteligencia para algo constructivo? 

¿Cuál fue el logro de esos secuestradores? ¿Creían que disfrutarían sin que la justicia hiciera algo para atraparlos? ¿Especialmente cuando se trataba de un personaje como Heineken?

No olvido, en la época que laboré en el poder judicial, que muchas veces leyendo expedientes sobre diferentes delitos en los cuales estaban involucradas armas de fuego, con las que habían doblegado a sus víctimas para despojarlas de sus objetos personales y dinero, al responder el interrogatorio los implicados indicaban que habían pagado, por dichos elementos bélicos, diferentes sumas, las cuales, muchas veces superaba el valor de lo que habían hurtado. Y no se diga las consecuencias de estas conductas.

Han sido muchos los estudios que se han hecho sobre la delincuencia, el problema psicológico que lleva a las personas a vulnerar la ley, los niveles sociales, las diferentes causas que llevan a seres diferentes a seguir estos comportamientos, tantos factores acompañan este proceder que no es suficiente una enciclopedia para descifrar todos y cada uno de los elementos que hicieron que uno o unos actos tan perversos sean sinónimo de placer, el efecto de la adrenalina les produce tal satisfacción que a pesar de verse atrapados y juzgados, no muestran el más mínimo arrepentimiento por el daño causado.

Sin embargo, no siempre la justicia puede llamarse justa, recuerdo un caso real de un joven que saltó una alambrada para coger una naranja en una finca, fue juzgado y encerrado por ese delito, su foto publicada en la prensa, comentarios van y vienen; también hubo una situación de un hombre que sustrajo de un supermercado unos cubitos de pollo para preparar consomé para sus hijos, fue también, sorprendido y llevado a la cárcel, sin derecho a la domiciliaria por constituir un peligro para la sociedad. Hace poco en los Estados Unidos, ocurrió un caso bastante doloroso, un hombre asaltó un banco con un arma de juguete, para poder pagar el tratamiento de quimioterapia de su pequeña hija quien tiene un tumor que le está dañando un ojo. Y estos casos si logran el final justo entre comillas de llevar estas personas ante las autoridades y hacerlas responder por su delito. 

No apruebo ni apoyo el comportamiento realizado, pero si considero que estos casos deben ser estudiados con más detenimiento y no colocar estas personas en la picota pública, mientras que verdaderos delincuentes como los conductores ebrios que arrasan con la vida de familias enteras en hechos de tránsito salen beneficiados con la casa por cárcel, y muchos otros favores. 

Ahora no puede llamarse por su nombre al delincuente, hay que decir “supuestamente” y en los noticieros es sorprendente escuchar al locutor informando sobre un suceso, digamos, de tránsito en donde se observa un vehículo en contravía estrellado contra otro donde todos sus ocupantes han perdido la vida, y con un acercamiento de la cámara se observan las botellas de licor al interior del primero y ausencia total de su conductor, mientras estos señalan:

“En la calle tal con carrera tal, se observan dos vehículos en donde uno de ellos “al parecer” venía en contravía, el conductor del primer vehículo no se encuentra en el lugar de los hechos mientras los restantes aún están al interior del segundo automotor… sin que haya sido posible “escuchar su versión de lo sucedido…”… “

Y hace poco escuché esta perla: “Un hombre en un intento por apoderarse del celular de una dama, la amenazó con arma blanca y “aparentemente” le dejó clavado un cuchillo de cocina en su brazo.”
Así que los delitos y los delincuentes tienen alcurnia y requieren de un protocolo para poderlos llamar por su nombre.

Ni que hablar de las millonarias pérdidas de los grandes almacenes, las estadísticas no mienten cuando señalan un 44% de robos por los propios empleados y una de las tácticas que es fácil observar en los supermercados es el movimiento de artículos, los van corriendo de un anaquel a otro hasta que pueden apropiarse del mismo, el personal encargado de recoger lo que está en el lugar equivocado se encarga de llevarlo y acumularlo en zonas alejadas de las cámaras para posteriormente “reorganizarlo”.

Y ni qué hablar de los usuarios, hace algunos años mientras compraba algunos artículos en uno de estos centros comerciales vi como un hombre, frente a mí, iba colocando jabones, pasta dental, cepillos, champús, al interior de sus pantalones sin siquiera sonrojarse, el hombre fue sorprendido al intentar salir sin pagar, pero son muchas las personas que no dudan en tomar refrescos, dulces y otros y los van consumiendo dentro del propio almacén, evadiendo su pago.

Delitos, a diestra y siniestra, de todas las categorías, y esto me trae a la mente un dicho que alguien dijo y me parece muy interesante:

“Ni ojo en carta, ni mano en plata.”

Y por si algún lector es demasiado joven para entenderlo, explico: Respeto hacia los escritos y el dinero ajenos. Aunque habría que ampliar su contenido agregándole diez más, contenidos en los Mandamientos de la Ley de Dios, aunque en la actualidad habría que agregar los delitos cibernéticos.

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