viernes, 8 de agosto de 2014

Sorpresas

Agosto 8 del 2014

Sorpresas

Las sorpresas, si son gratas, nos dan ese agradable sabor de bienestar y placer que difícilmente nos abandona a lo largo del día.

Hablo de las sorpresas porque hoy, un día común y corriente, con una mañana fresca, contra los pronósticos de calor anunciados llegué hasta el buzón de correos a la entrada de mi casa y junto con un par de postales, un extracto bancario, se deslizó suavemente un sobre con bordes rojo y azul con un intercalado incoloro, ostentando dos hermosas estampillas, una del parque nacional de Las Hermosas Gloria Valencia de Castaño y otra donde ésta última aparece sonriente en su juventud. ¡A esto le llamo una grata sorpresa!

Emocionada rasgué el sobre, por el lado opuesto a las estampillas para no dañarlas, extraje el papel de su interior y otra sorpresa, varias hojas de papel de block, ¡con rayas! Y mejor aún, ¡manuscrito!

Una carta por correo normal, fue la respuesta a mi blog “Cartas”, una amiga se dio a la tarea de escribirme una carta dándome la satisfacción de sentir esa sana  curiosidad por ver su contenido, tal como ocurría en la época en que este era nuestro mejor medio de comunicación.

En esta vida he tenido varias sorpresas, y ¿quién no? Buenas, malas, regulares etc. etc.
Recuerdo una especialmente porque nunca la olvido, fui con mi madre al Banco Central Hipotecario, cuando este existía, a pagar una de las cuotas correspondiente a la compra de nuestra casa, creo que estaba programada a quince o veinte años, no estoy segura, cancelamos el valor y por no sé qué, le dije a mi progenitora que preguntáramos el saldo pendiente, nos dijeron una suma exorbitante, con tristeza empezamos a caminar hacia la salida, resignadas ante la perspectiva de seguir pagando cuotas mensuales, cuando se me ocurrió regresar a la casilla y preguntar cuánto sería si pagábamos en ese momento. El cajero tecleó unas cifras en la sumadora y tras el consabido sonido de tic tic tic tic tic de la máquina, rompió un papelito y me lo pasó… no lo podía creer, era algo así como veinte mil pesos, que sin ser poco para la época, era una suma inesperadamente fácil de cancelar. Corrí donde mi madre y nos sentamos en un rincón del Banco y empezamos a esculcar nuestros bolsos buscando recoger esa suma, juntamos pesos, monedas y quedando con nuestras billeteras vacías nos acercamos aún dudosas al cajero indicándole que cancelaríamos la totalidad de la deuda.

El hombre sin inmutarse, recibió el dinero, lo contó y recontó, luego con el sello de cancelado nos extendió el recibo advirtiéndonos que la semana siguiente deberíamos presentarnos para recoger el paz y salvo y tramitar las escrituras.

Temblorosas salimos del Banco y nos dirigimos hacia la Iglesia de San Francisco, dimos gracias a Dios y en ese recinto nos mirábamos y reíamos, no podíamos controlarnos, fue realmente fantástico, pero aún más lo fue la llegada a casa y decirle a mi padre y hermano lo que acabábamos de hacer. Reaccionamos todos con una risa nerviosa y alegre que aún recuerdo.

Esa fue una súper sorpresa y creo que de las mejores en mi vida.


Espero que todos tengan felices sorpresas pronto.

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