jueves, 15 de mayo de 2014

Caminadas


Mayo 15 del 2014

 

CAMINADAS

Quienes se encuentren en la tercera edad, recordaran que uno de los programas que tenían las familias anteriormente era salir a caminar al atardecer, bendito placer, yo recuerdo a mi padre de gancho con mi madre, pues así decíamos, no tomados del brazo, sino de gancho, y los hijos caminando y revoloteando a su alrededor.

Nosotros vivíamos como ya saben en Puerto Tejada (Cauca), cuando la plaza de mercado quedaba frente a la Iglesia, caminábamos a su alrededor encontrándonos con amigos de mis padres, saludaban, conversaban y seguían con su charla. Nos acercábamos donde una señora mayor llamada Romelita quien atendía un pequeño negocio con adornos y detalles para bebes, alguna vez me regaló un par de escarpines azules para un muñeco grande que era mi orgullo, había un intercambio de frases amables y a seguir con la caminada. A veces entrabamos a la casa cural y departíamos con el padre Gersaín Marín, su madre y Feliciana, la mujer que siempre los atendió, después estaba William Bedoya y su esposa, seguíamos hasta pasar por donde los Franco, tenían varios hijos así que gozábamos hablando un rato para seguir dando la vuelta hasta llegar a la droguería del doctor Paz, luego Chemil Barjum, luego Ricardo Cardona y su esposa Marina, así hasta llegar a casa.

No había preocupación, carros muy pocos y a esa hora el movimiento era mínimo, en algunas casas las personas sentadas en taburetes recostados a la pared nos saludaban con la mano y el placer consistía en esto, caminar, saludar y volver a casa, eso tomaba más o menos una hora, ya que aunque el recorrido no era muy largo, serían unas cuatro cuadras de saludos y charla lo que extendía el horario antes del retorno.

Cuando llegamos a Cali, intentamos seguir con la costumbre, pero fue más complicado, los vecinos no salían a la puerta de sus casas, había más tráfico y debíamos quedarnos muy cerca de casa porque no nos sentíamos muy seguros en el vecindario.

Mis padres desistieron pronto de ese paseo nocturno y yo lo retomé con mi hermano, pero con precaución ya que cada día la situación se fue complicando más y más ante la delincuencia callejera.

De mi lado opté por salir a caminar el fin de semana, con el reconocimiento de las ciclo vías me alisté cada domingo con un pequeño radio, iba inicialmente por toda la quinta hasta Meléndez, era todo un placer, pero como todo lo bueno no dura, quitaron esta opción y la trasladaron a la novena, acepté sin mucho entusiasmo el cambio, pero seguí yendo a caminar, pero entonces ¿qué pasó? En el camino de mi casa a la novena, más o menos diez cuadras, se apostaron unos jóvenes a robar los radios que los caminantes llevábamos.

Así que la caminada la seguí haciendo sin llevar nada, ni siquiera la botella de agua para hidratarme, hacía mi recorrido y al final tomaba un jugo de naranja natural y regresaba a casa.

Parte del placer de la salida estaba lejos, sin embargo seguí con mi paseo, hasta que otro cambio no se dejó esperar, la ruta para llegar se llenó de indigentes, el recorrido hasta la novena se convirtió en un corredor donde amanecían toda clase de personas, de todas las edades, unas agresivas otras no tanto y el parquecito Tequendama el lugar favorito para esconderse algunos delincuentes, las banquitas del parque estaban ocupadas. Por ende empezaron otros atracos, ya la reacción era agresiva porque los caminantes no llevábamos nada y eso no lo podían perdonar. Así que de esta forma terminó el placer de caminar.

Sé que en la actualidad algo ha cambiado y veo complacida que muchas personas salen en bicicleta, patines, con mascotas o sin ellas, pero no me animo a arriesgarme nuevamente, ya que de todas formas mi recorrido sigue siendo el de más de diez cuadras antes de llegar a la vía que creo tiene vigilancia y es más segura que antaño, pero ya no soy la jovencita de entonces y hay que aceptarlo, el tiempo no perdona.

Pero hoy por hoy añoro las caminadas nocturnas, que no eran un deporte, eran sociales, nos unían con los vecinos y amigos, sin temores, podíamos mirar el cielo y admirar la hermosa luna antes de regresar a casa con un corazón contento.

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