viernes, 5 de diciembre de 2014

Día de San Nicolás


Diciembre 6 del 2014


Día de San Nicolás




Cuántos temas para comentar se vien en a mi mente el día de hoy, todo lo que está ocurriendo en el País, es verdaderamente un manojo amplio para quienes nos gusta comentar, pero hoy me voy a otro lugar, al de mis recuerdos.

La fiesta de San Nicolás de Myra es una fiesta típica europea, especialmente en los países bajos, es una tradición anunciando que llega la Navidad.

Cuenta la tradición que este Santo perdió a sus padres siendo muy niño pero heredó una gran riqueza, esta situación no lo hacía muy feliz por eso se dedicó a repartir bonanza a los más necesitados. Para esta labor necesitó un paje por eso se le representa con un negro a su lado, sin embargo dice la leyenda que en realidad se trata de un demonio al que derrotó el Santo y por eso lo lleva atado con una cadena junto a él. Cuando los niños tienen mal comportamiento este negro les da unos azotes.

Con esta historia crecí cuando estudiaba en el Colegio del Cármen de Popayán (Cauca), el cual era dirigido por las Madres Franciscanas de procedencia Suiza.

Para aquella época de mi niñez, las más pequeñas del internado del Colegio éramos Aurita Franco, Elsita Nieto y quien hace este relato, por ende inocentes e ingenuas que creímos a pie juntillas que debíamos sentarnos en una esquina del patio central del colegio a mirar hacia el cielo buscando las figuras de San Nicolás y sus dos ayudantes, Tiburcio y Ruperto, pues contrario a la historia nosotras habíamos sido instruidas sobre la presencia de dos negros con sendos crespos quienes arrastrando cadenas llegaban al salón del colegio donde todas las internas estábamos sentadas esperando su llamado.

Mientras mirábamos al cielo, no faltaba el señalamiento de alguna de las internas “grandes” que nos señalaba el cielo y decía: “Miren allí se ven bajando Tiburcio y Ruperto…”, mientras nosotras ilusas intentábamos en vano ver los puntos que aquella decía. La verdad hice tremendos esfuerzos por captar las imágenes sin ningún resultado.

Por los corredores alrededor del patio se escuchaban las cadenas y las internas corríamos para no ser alcanzadas por los negros, ya que ellos daban fuetazos a la niña que atrapaban. Mi corazón acelerado casi me ahogaba cuando esto ocurría, que tiempos de angustia y desazón, mientras las grandes reían yo rezaba para que todo acabara, hasta que al fin nos llamaban para que en fila fueramos al estudio a responder por nuestros actos ante San Nicolás.

Cantando nos dirigimos al estudio: Ya llegó San Nicolás con su siervo fiel detrás..” , no recuerdo más.

Las pequeñas estábamos justo delante de todo el alumnado, y allí frente a todos estaba un hombre de cabello cano, parecido a papá Noél, aunque sus prendas arzobispales eran blancas con ribetes plateados, con una mitra en su cabeza y sosteniendo un bastón, su piel muy blanca y sonrosada. Tenía una sonrisa amable. A su lado dos negros, que no lo eran tanto pues su cara era cubierta por una tela negra con agujeros para sus ojos y los crespos sintéticos eran abundantes, sostenían en sus manos un lazo en forma de ramal con el que supuestamente castigarían a las niñas de mal comportamiento.

Lo recuerdo como si fuera hoy que escuché que me llamaban para que me acercara a San Nicolás, me levanté y muy lento llegué hasta él quien me recibió con una sonrisa, se me hizo parecida a la de una de las Religiosas del colegio, pero era tanto mi miedo que sólo acerté a ponerme de rodillas frente a él. Me preguntó la edad y qué año cursaba, en el entretanto los dos negros se me acercaban amenazante con sus rejos. Luego vino una pregunta de religión, me pidió dijera los mandamientos, por un momento me alegré ya que los sabía de memoria, pero era tal el miedo que no me salían las palabras, de pronto escuché que los mismos Tiburcio y Ruperto me “soplaban” las respuestas y tras un cariñoso toque de mi cabeza por parte de San Nicolás pude retornar a mi asiento.

Así fueron llamando a las más pequeñas, algunas recibieron un fuetazo otras no, pero al final nos despedimos y seguimos con dirección al refectorio o comedor donde encontramos dulces de regalo.

Una vez pasada toda la excitación por el evento fuimos al dormitorio y ya descansando metí mi mano bajo la almohada y encontré una estampita de San Nicolás y un bastón de dulce.

Al día siguiente fui a compartir con mis compañeritas y todas me miraban sorprendidas pues aparentemente nadie más recibió esa sorpresa, hoy en día tengo mis sospechas sobre quién colocó ese premio, pero en ese entonces para mí fue un ¡acto milagroso!



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