Diciembre 6 del 2014
Día
de San Nicolás
Cuántos temas para
comentar se vien en a mi mente el día de hoy, todo lo que está ocurriendo en el
País, es verdaderamente un manojo amplio para quienes nos gusta comentar, pero
hoy me voy a otro lugar, al de mis recuerdos.
La fiesta de San
Nicolás de Myra es una fiesta típica europea, especialmente en los países
bajos, es una tradición anunciando que llega la Navidad.
Cuenta la tradición que
este Santo perdió a sus padres siendo muy niño pero heredó una gran riqueza,
esta situación no lo hacía muy feliz por eso se dedicó a repartir bonanza a los
más necesitados. Para esta labor necesitó un paje por eso se le representa con
un negro a su lado, sin embargo dice la leyenda que en realidad se trata de un demonio
al que derrotó el Santo y por eso lo lleva atado con una cadena junto a él.
Cuando los niños tienen mal comportamiento este negro les da unos azotes.
Con esta historia crecí
cuando estudiaba en el Colegio del Cármen de Popayán (Cauca), el cual era
dirigido por las Madres Franciscanas de procedencia Suiza.
Para aquella época de
mi niñez, las más pequeñas del internado del Colegio éramos Aurita Franco,
Elsita Nieto y quien hace este relato, por ende inocentes e ingenuas que
creímos a pie juntillas que debíamos sentarnos en una esquina del patio central
del colegio a mirar hacia el cielo buscando las figuras de San Nicolás y sus
dos ayudantes, Tiburcio y Ruperto, pues contrario a la historia nosotras
habíamos sido instruidas sobre la presencia de dos negros con sendos crespos
quienes arrastrando cadenas llegaban al salón del colegio donde todas las
internas estábamos sentadas esperando su llamado.
Mientras mirábamos al
cielo, no faltaba el señalamiento de alguna de las internas “grandes” que nos
señalaba el cielo y decía: “Miren allí se
ven bajando Tiburcio y Ruperto…”, mientras nosotras ilusas intentábamos en
vano ver los puntos que aquella decía. La verdad hice tremendos esfuerzos por
captar las imágenes sin ningún resultado.
Por los corredores
alrededor del patio se escuchaban las cadenas y las internas corríamos para no
ser alcanzadas por los negros, ya que ellos daban fuetazos a la niña que
atrapaban. Mi corazón acelerado casi me ahogaba cuando esto ocurría, que
tiempos de angustia y desazón, mientras las grandes reían yo rezaba para que
todo acabara, hasta que al fin nos llamaban para que en fila fueramos al
estudio a responder por nuestros actos ante San Nicolás.
Cantando nos dirigimos
al estudio: Ya llegó San Nicolás con su
siervo fiel detrás..” , no recuerdo más.
Las pequeñas estábamos justo
delante de todo el alumnado, y allí frente a todos estaba un hombre de cabello
cano, parecido a papá Noél, aunque sus prendas arzobispales eran blancas con
ribetes plateados, con una mitra en su cabeza y sosteniendo un bastón, su piel
muy blanca y sonrosada. Tenía una sonrisa amable. A su lado dos negros, que no
lo eran tanto pues su cara era cubierta por una tela negra con agujeros para
sus ojos y los crespos sintéticos eran abundantes, sostenían en sus manos un
lazo en forma de ramal con el que supuestamente castigarían a las niñas de mal
comportamiento.
Lo recuerdo como si
fuera hoy que escuché que me llamaban para que me acercara a San Nicolás, me
levanté y muy lento llegué hasta él quien me recibió con una sonrisa, se me
hizo parecida a la de una de las Religiosas del colegio, pero era tanto mi
miedo que sólo acerté a ponerme de rodillas frente a él. Me preguntó la edad y
qué año cursaba, en el entretanto los dos negros se me acercaban amenazante con
sus rejos. Luego vino una pregunta de religión, me pidió dijera los
mandamientos, por un momento me alegré ya que los sabía de memoria, pero era
tal el miedo que no me salían las palabras, de pronto escuché que los mismos
Tiburcio y Ruperto me “soplaban” las
respuestas y tras un cariñoso toque de mi cabeza por parte de San Nicolás pude
retornar a mi asiento.
Así fueron llamando a
las más pequeñas, algunas recibieron un fuetazo otras no, pero al final nos
despedimos y seguimos con dirección al refectorio o comedor donde encontramos
dulces de regalo.
Una vez pasada toda la
excitación por el evento fuimos al dormitorio y ya descansando metí mi mano
bajo la almohada y encontré una estampita de San Nicolás y un bastón de dulce.
Al día siguiente fui a
compartir con mis compañeritas y todas me miraban sorprendidas pues aparentemente
nadie más recibió esa sorpresa, hoy en día tengo mis sospechas sobre quién
colocó ese premio, pero en ese entonces para mí fue un ¡acto milagroso!

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