sábado, 8 de noviembre de 2014

Las promotoras


Noviembre 11 del 2014
 
Las promotoras
 
Hace días que tengo en el tintero lo acaecido algunos meses atrás cuando en un centro comercial una amiga intentó comprar un producto para la gripe.
La verdad que el resfrío que sufría no era de médico, simplemente tenía ese malestar que nos gusta evitar y que con una simple pastilla se puede envolatar y seguir nuestra vida común y silvestre.
El caso es que entramos a un centro comercial para comprar un par de pastillas para dicho malestar, notamos que el aparador de siempre ya no estaba en su lugar acostumbrado y que esas droguitas que no requieren de prescripción médica habían sido trasladadas al fondo del almacén, justo al lado de la droguería donde sí se requiere una fórmula para ser atendido.
Miramos el aparador y tenía varios letreros describiendo el tipo de medicina que vendían, entre otros había dos con el mismo nombre “Resfriados”, obviamente nos dirigimos al que presentaba las pasticas de siempre y empezamos a leer la descripción de algunas, sólo por el simple placer de hacerlo pues ya sabíamos la que íbamos a llevar.
Al lado del lugar estaba una dama observándonos y se dirigió a nosotras con el consabido “¿En qué puedo asesorarlas?”, le devolvimos la sonrisa y le dijimos que simplemente estábamos mirando, pero ella replicó: “¿Qué buscan? Yo estoy aquí para ayudarlas a escoger el producto que necesiten.” Le repetimos que sólo queremos mirar los productos para resfriados, nada más. De inmediato nos preguntó que si era resfriado común o un resfriado fuerte. Insistimos, es un simple resfriado y ya estamos en el aparador cuya descripción dice “Resfriados”. Pensamos que ya era suficiente de conversación, pero no, en forma instantánea nos dijo que ese no era para el resfriado común que teníamos que mirar en el que ella estaba.
Para evitar el diálogo nos movimos al aparador indicado y no bien mi amiga tomó en su mano las pastas que ya sabíamos eran suficiente para el malestar que sufría, la promotora le preguntó: “¿Para quién es el medicamento?” Nuevamente y para evitar de pronto un examen médico instantáneo, mi amiga le dijo: “Es un encargo para una hija mia.” Pero empeoró la situación porque la señora le indicó que le estaba llevando la droga equivocada que esa no le servía y que la apropiada era “xxxxx”, la cual obviamente, ella promocionaba. Empezó de nuevo con su interrogatorio, si era mayor o menor de edad, que tipo de resfriado tenía, si le dolía la cabeza y si estaba con temperatura alta, etc etc. situación que para ese momento nos tenía realmente fastidiadas y con deseos incontenibles de salir corriendo.
Después de hacernos una descripción de las cualidades del medicamento nos anticipó que sólo ese era el que debíamos llevar.
Cansadas y bastante molestas por la impertinencia de la promotora, mi amiga recibió el medicamento y partimos con dirección a las cajas de pago, pero no bien habíamos caminado unos cinco pasos y sabiendo que la dama no nos quitaba el ojo de encima, mi amiga en forma clara depositó el medicamento en otro aparador del almacén pero que podía ser divisado perfectamente por aquella y nos marchamos con nuestra mejor sonrisa.
Este es un verdadero ejemplo de lo que no debe hacer una promotora de productos, a menos que lo que busque es quebrar a la empresa que representa.
 
 
 

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